ARGENTINA

Oraciones de Consolacion

Resurrección de la Hija de Jairo

Vasily Polenov
(Rusia -1844-1927)

Por Hugo N. Urcola

Leer: Marcos 5:21-43

El cuadro nuestra portada, hace referencia a un hermoso relato, de los llamados milagros de Jesús, contenido en tres de los cuatro evangélios.

En un mismo relato, tenemos dos historias en el cual Jesús responde a la necesidad de dos mujeres gravemente enfermas. Una, hija de Jairo, alto dignatario de la Sinagoga, la otra, una mujer que desde hacía doce años padecía flujo de sangre. Había gastado todo lo que tenía en curarse y de nada le había servido.

Si bien los relatos los podemos analizar por separado, tienen mucho en común. Jairo, está convencido de que si Jesús pone las manos sobre su hija, ella sanará. La mujer pensaba que con solo tocar el manto del Señor, restablecería su salud.

Si bien los gestos son importantes en estos relatos, lo que se resalta en la mujer y en Jairo, es la fe que tienen en Jesús, que no obra mecánicamente, como si se tratara de un talismán.

En nuestro cuadro, la madre mira y suplica. No había estado en el camino. Detras, como bien nos lo dice el relato, está Jairo, Pedro, Jacobo y Juan, que miran expectantes. Los que dudaban y se burlaban, no participan de la acción salvífica. Ellos serán testigos del gesto de amor y misericordia de Jesús que responde al pedido de Jairo de que vaya a su casa y que ponga sus manos sobre su hija para que "sea salva y viva". Malas noticias llegan de la casa, pero Jesús le dice a Jairo: "No temas, cree solamente". Jesús toma la mano de la niña y le dice en su idioma: ¡Talita Cumi! (que significa "Niña a ti te digo, levántate"). Jesús llama y la niña vuelve a la vida. En otros relatos se nos dice que a su voz el viento y el agua le obedecen. Ahora obedece la misma muerte. Gestos como este son los que llevaron a la gente a preguntarse: ¿Quien es Jesús de Nazareth? Luego de su resurrección (y quizás en este episodio tenemos un anticipo) los discípulos y la multitud de los que creyeron en él, no dudaron: Jesús es el Señor, que vino para que tengamos vida, y vida eterna, superadas las barreras de la enfermedad y la muerte. Para ellos el Jesús de la historia se constituyó en el Cristo de la Fe.

Este cuadro, como el relato evangélico, como todas estas meditaciones que ponemos en tus manos, son una invitación a la fe en Dios que te ama de tal manera "que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna"

"No temas cree solamente"